NUESTRO CASTIGADO PUEBLO (ERANDIO: MARGEN DERECHA DE LA RIA DEL NERVION, AREA METROPOLITANA DE BILBAO, SUR DE EUSKAL HERRIA)
Erandio es, en este otoño de 1.994, un pueblo de poco menos de 25.000 habitantes, un pueblo eminentemente obrero (incluso en su extensa zona rural son escasas las personas dedicadas exclusivamente a la agricultura y ganadería), un enclave de la Margen Izquierda en esta orilla derecha de la Ría y, cada día más, un pueblo de parados (con una tasa de paro reconocida que varía, según las fuentes, entre el 23 y el 30% de la "población activa" que, como es sabido, excluye a la inmensa mayoría de las mujeres y de los jóvenes). "De un Erandio contaminado a otro desertizado" decía una pancarta reciente de la Gazte Asanblada.
Somos un pueblo roto, destartalado, donde las ruinas industriales
y urbanas, la carencia de las más elementales infraestructuras
y servicios locales... se aprecia a simple vista. El empobrecimiento
y la degradación se palpan nada más llegar, como
en esa Margen Izquierda otrora floreciente (con perdón
para las flores) y como tantos otros lugares de la Euskal Herria
metropolitana e industrial en acelerado proceso de mutación
(declive es la palabra al uso).
Erandio tenía en 1.969 poco más de 15.000 habitantes y formaba parte de esa comarca en torno a Bilbao que se extiende por ambas márgenes de la entonces industrialmente potentísima Ría, que un gran amigo definió muy gráficamente como una perfecta máquina de extraer plusvalía y un lugar detestable para vivir.
Formaba parte de la monstruosa aglomeración urbana y fabril
en que la rapiña de la oligarquía vasco-españolista
había convertido, en tan solo un puñado de años,
esta tierra nuestra. Un conglomerado de viviendas proletarias
y enormes fábricas donde los sufridos trabajadores y trabajadoras
consumían gran parte de su tiempo en el tránsito
de un sitio donde odiaban trabajar a otro donde detestaban vivir,
parafraseando una vez más a mi amigo Justo.
Tras esta breve reseña para situar Erandio, me centraré en el tema de la contaminación atmosférica (que evidentemente no es la única de la que "disfrutamos"), y en octubre de 1.969. Como después veremos estas fecha y lugar no son sino el momento culminante de una larga historia de opresión, represión y muerte (de sangre, sudor y hierro), y también de luchas liberadoras, de vida y de esperanza. Una historia que no ha concluido aún (a Erandio al menos no ha llegado el cacareado "fin de la Historia").
Os invito a sumergiros conmigo en aquellos hechos a través
de la prensa de entonces, de diferentes apuntes y versiones y
de mis propios e inolvidables recuerdos. Como veremos no se trató
de unos "sucesos", por más que el término
tuviese un inmerecido éxito, no fue una lamentable casualidad,
un episodio aislado, sino, más bien al contrario, tan solo
un botón de muestra de las salvajes consecuencias del desarrollismo
brutal que generó aquella realidad. Un desarrollismo que
vuelve ahora con nuevas envolturas, pues la dinámica de
opresión y lucha popular continúa, actualizando
sus mecanismos, y sin duda continuará y se enconará.
Hoy como entonces las grandilocuentes declaraciones, los mil y
un compromisos y promesas, llenan páginas y más
páginas de los medios de desinformación, mientras
la cruda realidad, testarudamente, se siente a flor de piel. Palabras
vacías, mentiras, ruido tan solo, destinadas a no hacerse
nunca realidad. Como antes, como siempre mientras continúen
construyéndonos el futuro a la medida de ellos, de esa
minoría parasitaria y cruel que nos domina.
Retrocedamos pues a octubre del 69. Reciente aún el Mayo del 68, no solo francés, guerra del Vietnam, planes de desarrollo del tardo-franquismo, cuestionados ya por la crisis mundial del capitalismo, que si bien tomaría el nombre de "crisis del petróleo" en el 73 ya se iniciaba y aún no ha acabado, vísperas del Proceso de Burgos... Situémonos en esas fechas y acerquémonos a Erandio.